La Llama Eterna

La Llama Eterna
Dedicada a los partisanos que el 6 de Abril de 1945 expulsaron al invasor fascista de Yugoslavia. En el muro se recoge la participación de las brigadas de diversos orígenes,bosniohercegovina,croatas,montenegrinas y serbias que participaron en la triunfal ofensiva. El ideal, la victoria y la muerte les unieron en el pasado. Hoy el recuerdo sigue vivo en Sarajevo, a salvo del nacionalismo intoxicador ¿Hasta cuando?
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martes, 22 de septiembre de 2020

Vulgaridad informativa en TVE(¿Belgrado y Srebrenica 25 años después?)

Me decido a publicar la carta enviada al Defensor del espectador de RTVE hace ya más de dos meses (el pasado 13 de Julio  sobre una información del 11 de Julio debidamente ampliada  y explicitada en su mensaje político en la web de TVE) ante  la  falta de respuesta  por parte de los servicios informativos a quien se redirigió nuestra  reflexión.

El ruinoso ente público que naufraga bajo la dirección de la bajeza moral y profunda incapacidad profesional del zafio populismo de Podemos se hace  patente en cada una de las facetas de una televisión cada vez menos pública y más sectaria.

Se continúa  incurriendo en los mismos tópicos sobre la guerra de Yugoslavia, perpetuando la visión del vencedor. Por supuesto no es nada nuevo, en este mismo blog cualquier lector podrá ver cuánto se ha escrito al respecto de las matanzas de Srebrenica. Enumerarlas sería aburrido y un ejercicio que poco aporta a esta queja. Ya sabemos cómo es el tratamiento que los medios suelen dar a los aniversarios/conmemoraciones y lo sesgado de su contenido. Este caso es uno más, agravado eso si por la tendenciosidad que roza lo perverso por la contextualización de la pieza informativa y la total ausencia de la pluralidad  y ausente  ecuanimidad informativa. Y eso un cuarto de siglo después...

He aquí la queja:

Quisiera expresar mi rechazo al lamentable tratamiento dado a esta noticia. Se da paso a esta pieza tras las imágenes de los disturbios en Belgrado

(Estos violentos altercados se dieron junto al Parlamento serbio tras el anuncio de toque de queda para frenar la pandemia tras  un dramático empeoramiento de la situación nacional. Las salvajes acciones preparadas por grupos extremistas duraron varios días que repitieron patrones de  la  toma de poder bananero) ataque violentos del año 2000 contra Milosevic. Que tanto nos recuerdan en perspectiva a una mezcla entre el  Maidan ucraniano  y las inducidas revueltas bananeras. A los comentarios contra el Presidente serbio y la democracia de ese país siempre  puesta en duda. Recordar que poco después obtuvo más del 60% de los votos con el visto bueno de la OCDE y sin ningún "incidente" pese a su discutible acumulación de poderes)

Las cuales  ni se explican ni se contextualizan pese a la larga duración de las escenas de violencia. Algo no sólo tendencioso sino sorprendentemente cercano a la manipulación. La cifra de víctimas dada por la cadena es la proporcionada por el gobierno musulmán de Bosnia y Herzegovina y no por ningún órgano internacional independiente.

Es decir una cifra insuficientemente contrastada como para darla por cierto y repetirla enfáticamente tanto por la presentadora como por el video. Que incluso al final de la alocución da la cifra dé 1100 víctimas aun por aparecer que es incluso  superior a la de años anteriores.

(Tras los ingentes recursos proporcionados para las exhumaciones y los escándalos ligados a recuentos fraudulentos de restos humanos)

Hay pues una carácter anti-serbio bastante marcado que se confirma en cómo está montado el video. Los planos de ancianos y niños separados de los adultos desde la ventana emulando escenarios de los trenes del holocausto. Otra muestra de ello es la pasividad internacional de los soldados holandeses cruzados de brazos y como no Javier Solana entonando el mea culpa de Europa. Lo que sí es más hiriente es la manipulación y clara intencionalidad política al hablar de negacionismo y revisionismo de la historia por parte serbia. Cuando lo hacen todos los bandos: musulmanes, serbios y croatas de Bosnia.

Contrasta el tiempo dedicado a Srebrenica con el dado al 23 aniversario del asesinato de MA Blanco por ETA.

 Poco más que añadir a la espera de respuesta que en caso de darse no creo mejore la conclusión de TVE que en Srebrenica conviven víctimas y verdugos.  Criminalizando y haciendo responsables de crímenes de guerra  a los vecinos serbobosnios cuya mayoría social está en declive año tras año, aun siendo parte de la denostada República Serbia de Bosnia, por presiones  de la cual la informativa es una de sus patas, como de la ingeniería social bosnio-musulmana que ejerce el poder desde Sarajevo apoyada en los poderes occidentales.

No obstante  confiamos en la contestación por parte dela dirección de informativos de TVE a la que se remitió esta reclamación y se matice o amplíen lo dicho por el Defensor de la Audiencia  quien:

"lamenta que saque esa impresión, pues no hay intención alguna de favorecer a unos y perjudicar a otros"



sábado, 30 de mayo de 2020

Yugopedia

En estos tiempos de pandemia en los que hay que seguir extremando la  prudencia, así como alargar la estancia  en nuestros hogares considero más que  oportuno rescatar el encomiable trabajo que hicieron nuestros amigos de la Yugopedia durante décadas.

Es una fuente muy  valiosa y en buena medida única por la cantidad de artículos que han sido destruidos junto con sus webs originales. Imposible no pensar en Semanario Serbio pero también en medios emblemáticos de una Yugoslavia que apenas sobrevive en el recuerdo. Ultrajada en su memoria por el revisionismo, los ridículos nacionalismos y un atlantismo afortunadamente  algo desnortado estos días. 
Testimonios incomodos y rastros de un mundo que cambió hace ya años, pero que no por ello ha dejado de existir, dejando cadáveres bajo la alfombra.

Escribo abajo el enlace de esta impagable  fuente de información sobre la destrucción de Yugoslavia:



No duden en consultarla. No se arrepentirán.

viernes, 28 de abril de 2017

LAS GUERRAS ÉTNICAS ¿SON FATALES? FALSAS LECTURAS Y VERDADERA LECCIÓN DE LA IMPLOSIÓN YUGOSLAVA de Jean-François Gossiaux,


Artículo original de Jean François Gossiaux extraído de la siguiente dirección:

el cual  cito en su totalidad por su gran relevancia y brillantez analítica. Aunque en algunos pasajes se evidencie el momento en el cual fue escrito, es más que interesante.

Los acontecimientos de Yugoslavia han dado lugar en Francia, -y supongo que asimismo en España, Italia, etc.,- a una verdadera explosión de lo que se podría llamar una «etnología espontánea», p9r analogía con la sociología espontánea, aquella que oímos desarrollar en la calle, en el bar, en los medios de comunicación. Sencillamente, aún cuando esa sociología se enuncia en principio con certeza, -se sabe de qué se habla, ya que se habla de uno mismo-, la etnología espontánea se presenta tras una cortina de modestia, siempre precedida de expresiones como: «Todo eso es muy complicado, no se entiende nada, no se puede entender nada». No obstante, cada uno expone su comentario. La primera familia de explicaciones responde a un tipo de etnología extrema, o si se prefiere, de una clase de etnología primitiva. Se sitúa dentro de la categoría de la alteridad absoluta, de la barbarie --en sentido propio-, del salvajismo. Habría una brutalidad en los Balcanes, incluso hasta una crueldad inherente a la región. Véase como prueba las matanzas en serie de la última guerra mundial, y el número, extraordinariamente elevado, de víctimas para un territorio de esa dimensión. Ocasionalmente, se cita la anécdota de la cesta de ojos de Ante Pavelic. Aunque, siendo lo más frecuente en el momento actual el insistir sobre la barbarie serbia, este tipo de recuerdo de los crímenes «ustachas» no está de moda. Las atrocidades de los años cuarenta se ponen en relación con aquellas de principios de siglo, de las guerras balcánicas y de las rebeliones anti-otomanas que las precedieron, con las correrías de las bandas armadas y la ferocidad de las represiones turcas. La explicación «teórica», que constituye también la contrapartida positiva de esta reputación sanguinaria, se encuentra en la imagen de una sociedad, o sociedades, gobernada por los valores de (1) Traducción del original francés de: Josette González. 35 honor y accesoriamente por el principio de «vendetta»; así pues, una sociedad armada y violenta, lejos de nuestra civilización pero coherente con esa misma violencia. Un segundo tipo de interpretación une a la lejanía exótica la profundidad de la historia. Digamos que es de orden etno-histórico. Es el tema más amplio y doctamente desarrollado en los medios de comunicación y, más aún, el esquema que constituye casi el objeto de un consenso general: el de la «glaciación comunista». El totalitarismo comunista, aprisionando los pueblos, les habría impedido expresar sus antagonismos seculares, y la debacle del comunismo habría liberado todos esos odios ancestrales; la historia --que no es sino, en esencia, la de las confrontaciones entre los pueblos recupera su curso desgraciadamente interrumpido. Este esquema, por otra parte, se aplica también allende Yugoslavia. Ha resurgido cada vez que un conflicto estalla en el ex-bloque comunista, en Europa, en el Cáucaso, en Asia central... Pero en el caso yugoslavo, lo específico del régimen «titoista» añade color al cuadro. Queda por explicar porque, en cuanto que son libres, esos pueblos se arrojan unos contra otros. Se vuelve a caer, pues, en el estereotipo precedente, el de la violencia intrínseca, exótica. Algunos, no obstante, van más al fondo de las cosas, más al fondo de la historia, y dentro de la más amplia perspectiva geopolítica, conectan los conflictos actuales con el gran cisma de Oriente, incluso hasta con la pugna entre Roma y Bizancio. Resaltan en efecto, que el frente actual, al menos el del conflicto inicial, es decir, el de la guerra serbo-croata, coincide con una línea de ruptura que se encuentra de manera constante desde esa época lejana, la línea de ruptura entre Occidente y Oriente. Lo que complica todo, evidentemente, es que no existe uno, sino dos Orientes, o dos versiones de Oriente, la ortodoxa y la musulmana. Pero, de todas las maneras, los grandes conceptos históricos se citan fácilmente, al lado de intuiciones etnológicas, para dar cuenta de la actualidad. Un tercer esquema, en fin se sitúa dentro de una perspectiva inversa, analizando la situación actual no como la manifestación de una permanencia histórica, sino como el producto de una configuración inédita. (Es, principalmente, el análisis de Edgar Morin). El postulado de partida es el siguiente: Al morir, el comunismo ha engendrado una entidad ideológica nueva, un tipo de transformación monstruosa que proviene de su cruce con el resurgido nacionalismo: el nacional-comunismo. En Yugoslavia, esta ideología es sostenida por una de las partes en conflicto, el poder serbio, encarnado por Slobodan Milosevic. La guerra no es más que el medio para un fin, la «purificación étnica», aquella, no es sino la aplicación de esa ideología. Una lectura semejante de los acontecimientos, que se basa en un análisis distanciado y altamente teórico (o que se quiere como tal), ha conducido paradójicamente (paradójica, pero naturalmente) a apreciaciones maniqueas y radicalmente reductoras. Un partido ha sido tachado de diabólico, según el procedimiento puesto en práctica unos años antes en la guerra del Golfo. Quien dice «diabolización» dice personificación, vocalización en una figura repulsiva, en esta ocasión la de Milosevic, e identificación de esa figura con una gran figura diabólica de la historia --evidentemente Hitler-. Los horrores de la guerra, los crímenes de guerra aparecen como la ejecución metódica de 36 un plan elaborado por una organización centralizada --el «aparato militar serbio»- . Nos deslizamos, así, uniendo un etnónimo a la barbarie instituida, hacia aquellas explicaciones del primer tipo que cité anteriormente, esas explicaciones de una alteridad fundamental, el salvajismo de los demás. Simplemente, aquí, todos aquellos que se baten no están reflejados en esa alteridad, sino solamente algunos de ellos aquellos que no son de Europa. Todas esas producciones de lo que he llamado una «etnología espontánea», más o menos entremezclada con filosofía política, con historia geopolítica, etc., no son del todo diferentes de la realidad. Pero existen suficientes ejemplos contrarios para invalidar cada una de ellas en su pretensión de expresar una verdad total. Tomemos por ejemplo esa idea de una violencia específica de los Balcanes. Efectivamente, allí los conflictos armados se han desarrollado de un modo exacerbado. Pero ¿no es en verdad lo propio de todas las guerras? Piénsese en las matanzas del Palatinado, durante la gran época de la «guerra de encajes». La segunda guerra mundial ha sido particularmente mortífera en Yugoslavia. Pero son numerosos los lugares donde una u otra de las guerras mundiales han sido especialmente mortíferas. La represión de los movimientos de liberación nacional por los Turcos ha sido extremadamente dura. Las diversas represiones en las que se han sumido las potencias coloniales, medio siglo después, ¿han sido verdaderamente más clementes? Lo que, en cambio, puede parecer verdaderamente específico, hasta el punto de dar la imagen de una extraña crueldad, son las formas de esa violencia, o más exactamente su puesta en escena. El ejemplo más sorprendente es la famosa «torre de los cráneos» de Nic. Este tipo de espectáculo macabro estaba destinado a impresionar la imaginación de las poblaciones, a aterrorizarlas, en un período de rebelión crónica. La técnica es ciertamente particular, pero no así el método. Si por lo tanto la violencia guerrera de los Balcanes no me parece, hablando con propiedad, extra-ordinaria, ¿qué realidad hay detrás de la imagen de una sociedad tradicional balcánica basada en el honor de la sangre, detrás de la imagen de una sociedad armada y entregada a la «vendetta» (representación e imagen que alimentan esa percepción deformada de los conflictos en la Península Balcánica)? Ciertas regiones, efectivamente, (en Albania, en Montenegro...) han cultivado un determinado modelo, que coincide con estructuras de linaje fuertes y una estricta« «patrilinealidad». Pero ya no existe desde hace mucho tiempo. Sí ha existido alguna vez, en la mayor parte de las regiones de Serbia, por ejemplo, donde el principio «vertical», diacrónico, del bratsvo (el clan) desaparece tras el principio «horizontal» de la zadruga (la comunidad familiar, la comunidad de los hermanos). El campesino serbio, como el campesino croata, no están armados. O, más bien, la sociedad «tradicional» serbia no es una sociedad armada (lo mismo que la sociedad tradicional croata). En cambio, existen regiones donde los campesinos serbios estuvieron institucionalmente armados (institucionalmente, es decir, por el Estado, o a instigación del Estado). Se trata de «confines militares» situados, como su nombre indica, en la frontera entre los dos imperios, y donde Viena había instalado, como defensa contra los Turcos, una población serbia de campesinos-soldados, puestos a vivir en zadruga y movilizables permanentemente. Son sus descendientes quienes constituyen lo esencial de la «minoría serbia de Croacia» (pongo las comillas en la medida que los interesados, evidentemente, recusan esa apelación) concentrada en la famosa Krajina. Otra forma, más contemporánea, de dotación institucional de armamento de la sociedad -y en esta ocasión de toda la sociedad yugoslava- ha sido, en la Yugoslavia socialista, lo que se ha llamado el sistema de defensa popular generalizada, basado en una concepción de la defensa mediante la guerrilla. No es necesario ser experto en cuestiones militares para relacionar este sistema y las formas empleadas en la guerra civil actual. Pero que, repito, si existe una cierta tradición -sería mejor decir: una cierta costumbre de sociedad armada en el territorio yugoslavo, ello se debe a la voluntad del Estado. o de los diferentes Estados, dentro de circunstancias históricas determinadas y en función de consideraciones precisas de política internacional. No se trata, salvo algunos casos que son la excepción, de una tradición inscrita en estructuras sociales, dentro de una cultura. No hay un atavismo balcánico de la violencia. Examinemos ahora el segundo tipo de explicación «automática» de los conflictos yugoslavos --complementario del anterior- el esquema de los antagonismos seculares liberados por la debacle comunista. Es evidente que todos los conflictos llamados «nacionales» o «étnicos» que se desencadenan en diversos lugares del antiguo mundo comunista son la consecuencia inmediata de esa debacle y del derrumbamiento de las estructuras de poder. ¿Son, por lo tanto, la «reanudación» de confrontaciones permanentes que simplemente había estado congeladas durante ese período -para respetar la metáfora-? Puede ser cierto acá y acullá. En el caso preciso de Yugoslavia, hay que tener en cuenta lo específico del régimen de Tito. La federación yugoslava no fue una prisión de pueblos. La constitución de 1974 aplicó al extremo la lógica descentralizadora. Se puede sostener también, al revés del esquema clásico, que esta constitución establecida por un poder comunista, la que aprueba, si no las crea enteramente, las separaciones entre pueblos y entre repúblicas. En cualquier caso, esa fecha, muy anterior al «fin del comunismo». marca el principio de un proceso de desintegración de Yugoslavia, bajo la acción de fuerzas centrífugas cada vez menos contenidas. Por otra parte, es necesario precisar que incluso antes de 197 4 la Yugoslavia socialista era infinitamente más respetuosa con las identidades nacionales que el reinado que la había precedido (véase el caso de Macedonia). La antigua Yugoslavia, la que nació inmediatamente después de la primera guerra mundial, ¿era por su parte una «prisión de pueblos», una creación artificial de las cancillerías europeas, una anomalía donde las declaraciones de independencia de 1991-1992 habrían constituido una liquidación tardía? El hecho es que después de un período en donde el reconocimiento de los pueblos, o por lo menos algunos de entre ellos, estaba inscrito en el nombre mismo del país (Reino de los Serbios, de los Croatas y los Eslovenos), el reino yugoslavo de los años treinta fue un Estado unitario, centralizado y dictatorial, por lo demás perturbado por la agitación crónica de separatistas croatas. Pero la Yugoslavia nacida de las convulsiones de la primera guerra mundial era el resultado de un movimiento de larga duración sostenido tanto por Croatas como por Serbios. El yugoslavismo fue la forma que tomó en la región el nacionalismo del siglo diecinueve. El reino serbio al arrancar su independencia al imperio otomano sirvió de modelo y de referencia, pero la base intelectual de la identidad sud-eslava fue elaborada en el interior del imperio austro-húngaro, principalmente en Voivodina y en Croacia (bajo el nombre de ilirismo ). Es necesario resaltar, por otra parte, que antes de la segunda guerra mundial jamás ningún conflicto frontal había enfrentado los pueblos croata y serbio, a los cuales además, ya no había pertenecido ningún Estado desde el siglo XI y el XIV respectivamente. Los Croatas no eran los campeones del Occidente germánico como tampoco los Serbios eran los campeones del Oriente otomano. Al contrario, los defensores más sobresalientes del Imperio austro-húngaro, como he dicho, eran serbios. Los militares serbios ejercían además su talento por todos los confines de Europa. Los batallones croatas al servicio de Luis XIV, aquellos que han legado al mundo la «corbata», estaban, de hecho, compuestos por Serbios. No se puede pues citar a Serbia y Croacia en términos de enemigos hereditarios, con el mismo título, por ejemplo, que Francia y Alemania (o Francia e Inglaterra).


domingo, 20 de octubre de 2013

Croacia y sus indigestiones.

Eduardo J. García

En toda Yugoslavia, durante y tras la guerra se produjo un fenómeno de falsificación y parcelación de la historia que sólo el nacionalismo puede llevar a límites tan atroces y ridículos.
A esto por supuesto no es exenta la antigua capital Belgrado, única ciudad exyugoslava con aires de gran ciudad y no un profundo y chovinista provincianismo como le sucede al resto de capitales de esa pléyade de países que pese a tener estado propio muy dificilmente pueden ser consideradas naciones, más allá del odio al vecino y la mentira como pilar y divisa nacional.
En dicha ciudad todo lo sospechoso de comunista ha sido eliminado del nomenclátor de las calles, incluidas tristemente las referencias a los voluntarios y brigadistas internacionales de nuestra guerra civil . Incluso se han llegado a suprimir nombres de calles que hacían referencia a episodios de la historia nacional serbia de vital e imperecedera memoria. Todo para agradar a los nuevos amos y tapar toda huella por pequeña que sea de los triunfos ,epopeyas y logros serbios.

Pero el caso extremo dista mucho de ser Serbia. Es una vez más Croacia. El nuevo estado de la Unión Europea se esfuerza en recordarnos los principios en los que basó su independencia. Y obviamente no fueron los supuestos intentos de crear una Yugoslavia confederal contra el centralismo serbio lo que provocó la ruptura. Estúpida , retrógrada y racista mentira histórica de la que se ríen en Zagreb desde 1990 pero que muchos siguen presentando como principal causa de la guerra. Fueron otros muchos más cercanos al fascismo y a la Croacia ustasa glorificada en cada esquina del país y legitimados por la Comunidad Internacional y certificados por el espaldarazo de la UE.
Mucho más certeros, precisos y significativos por  su acercamiento al ideal nacional croata son  dos sucesos recientes:

La semana pasada en Vukovar, ciudad mártir  del nacionalismo croata, se volvieron a repetir los disturbios causados por los veteranos de guerra croatas.. Una vez más la causa de la discordia es la existencia del cirílico en los carteles de dicha localidad.



 Esto es visto como algo intolerable por el nacionalismo croata que es quien a fin de cuentas ampara a estas asociaciones violentas. Es una lengua extranjera y enemiga, pese a que la única diferencia sean los caracteres de otro alfabeto que dice exactamente lo mismo.
El problema y paradoja es que la ley croata contempla la legalidad del cirílico en poblaciones con una fuerte minoría serbia. Esta fue aceptada como medida cosmética de la UE para aceptar la entrada de Croacia, dados sus muchos déficit democráticos. La misma Unión Europea con sus fondos facilitó el retorno de muchos serbios a su antiguo hogar, con el que Serbia es fronterizo para dar un barniz de reconciliación al estado croata cuyos símbolos siguen siendo fascistas. No obstante la UE considera que no debe intervenir en los asuntos internos de los países miembros. No hubo heridos, sólo placas rotas en cirílico, por supuesto, y policías aclamados tras ser liberados de los cargos por dejación de sus funciones tras jalear los destrozos de sus compatriotas.

Pero este episodio de primitivismo palidece ante otro de naturaleza mucho más grave poco transitado por la prensa. El gobierno de  Zagreb ha pedido a la ONU que se retire el estatus de refugiados a los serbios damnificados por la guerra yugoslava. Afortunadamente la propuesta croata fue rechazada por falta de unanimidad. Croacia insiste en eludir la responsabilidad de sus acciones llevadas durante la guerra.


Todavía existen 27,000 familias con el estatus de refugiados en la antigua Yugoslavia. El primer país en recibirlos es Serbia, el país con mayor número de refugiados de Europa.
La negativa de la UNHCR se basa en una manifiesta falta de fundamentos de la petición croata y recuerda que el programa "regional" destina 584 millones de euros para la ayuda a refugiados en estado de gran precariedad en Serbia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y Montenegro. La inmensa mayoría, serbios.
Cabe decir que sin la aportación de la ONU, la situación dejaría de ser insostenible como lo es hoy en día para convertirse en  catastrófica.

Algunos quieren que la historia regurgite la parte inconveniente y las consecuencias de sus acciones.
Unas veces por ser incomoda como en el caso serbio y otras por ser gravosas economicamente y por obligarles a ser contrarios a  los valores fundamentales de su patria como en el caso croata.

miércoles, 20 de junio de 2012

¿Montenegro?. II

Montenegro formó parte de la primera Yugoslavia tras la primera guerra mundial. Como el resto de lo que después serían repúblicas ingresó de forma voluntaria. La gran guerra se sumó a la cicatrices de anteriores guerras balcánicas, pero su dimensión fue enormemente superior.Los contingentes serbo montenegrinos lucharon con un heroísmo denodado contra el enemigo austrohúngaro que se entregó a una cruel guerra racial en la que miles de civiles fueron exterminados con la mayor de las sevicias.
El uso de las alturas y de la artillería fueron dignos de estudio militar en las academias militares. Esta epopéyica resistencia valió al pueblo serbio-montenegrino unas represalias terroríficas.
Un capitulo más entre la guerra germánica-magiar contra el mundo eslavo tan veladamente oculto.
Tras una breve y turbulenta experiencia en el reino yugoslavo (toda Europa era un hervidero en los años 20 y 30) corrió la misma suerte que el resto del país tras la invasión fascista. Fue troceada entre las fuerzas invasores que se repartieron el pequeño territorio a placer. Su salida al mar fue codiciada por los italianos que fueron los que terminaron quedándose con casi todo el territorio y al que unieron con Dalmacia, su auténtico enclave latino en los Balcanes con siglos de antigüedad. Montenegro no fue una excepción, y su suelo fue escenario de una cruel y larga guerra civil entre los partidarios de las fuerzas fascistas, las monárquicas y las comunistas.

Considero oportuno recomendar la obra de  Milovan Djilas como lectura obligada para empezar a entender lo que sucedió, antes, durante y después. Sin su contextualización casi todo lo escrito resulta superfluo y en la mayoría de las ocasiones totalmente prescindible.
 Durante la segunda guerra mundial, los bombardeos sobre Podgorica y Niksic, que repetirían años más tarde las mismas escuadras extranjeras, sumado a la intolerable intensidad de los combates fue tal, que la maltrecha Serbia y en menor medida otras zonas de Yugoslavia tuvieron que acoger miles de refugiados montenegrinos. Al acabar la contienda, el Mariscal Tito prohibió el regreso a 10,000 de ellos que habitaban en Belgrado.
Pero la paz y el socialismo se impusieron. Montenegro fue blanco continuado de las purgas titoistas, como ya quedo dicho en la primera parte de esta columna. Siempre se sospechaba de la huella de dinero soviético en las críticas a su socialismo autogestionario, llegando a la destitución de importantes hombres del gobierno montenegrino. El pueblo montenegrino siguió siendo defensor apasionado del yugoslavismo. Y pese a ser una de las zonas favorecidas por los fondos de ayuda federales, y ser industrializada , no podía ser otra manera, al ser la zona más económicamente deprimida junto con Kosovo, que se dejó a la responsabilidad de Serbia.
Como no podía ser de otra manera en el mundo de fútiles equilibrios en  que se convirtió la Yugoslavia Socialista de Tito, Montenegro sufrió políticas interesadas en fomentar sino desequilibrios si sutiles regionalismos que conducían inevitablemente a los agravios comparativos.
Y aquí es donde entra la constitución de 1974, y la nueva política de censos que empezó a primar el elemento montenegrino por encima del serbio e incluso del yugoslavo. Pese a ello el pueblo montenegrino siguió siendo yugoslavista hasta principios del siglo XXI.
El pueblo montenegrino apareció por primera vez como constituyente en la constitución de 1948.
De ahí tenemos los primeros censos en los que la población serbia es la más minoritaria de todas las que conforman la republica, incluso por debajo de la población croata, representada entonces por un 1,8% de la población.
Curiosamente medio siglo después, y una vez disuelta la unión, la proporción asciende al 33%. Estamos sin duda ante una redición del milagro de los panes y los peces, y de una fertilidad supra albanesa. Todo un logro insuficientemente ponderado, y una razón más para interesarse por Montenegro.
Podgorica, su capital entonces Titogrado, tuvo astilleros y fue puerto militar de lo que los mendaces medios occidentales calificaron como el cuarto ejército del mundo, o Europa, según el día y el canal.
Hoy en día apenas queda el recuerdo y algún trozo de nave vacía que a buen seguro ya habrá encontrado comprador.
Esta infraestructura sirvió como elemento de entrada en la guerra contra Croacia y como causa justificada de los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia.
La segregación eslovena y croata  y el ilegal reconocimiento de sus independencias provocaron una inevitable descomposición moral, social y económica que afectó de especial manera a la política y al ejército, rompiéndose la unidad y las cadenas de mando. El General Kadijevic no dejó de decirlo pese a ser relegado del mando, y con alguno de sus colaboradores desaparecido en extrañas circunstancias.
Montenegro, en una depresión económica aún más profunda que el resto del país vio su oportunidad de reivindicación sobre la siempre en litigio Península de Prevlaka. Además del supuesto beneficio económico de mantener a Dubrovnik bajo la esfera yugoslava y sus réditos turísticos, se pondría fin al desprecio y soberbia croata, bañada en un fascismo que los elementos gobierno montenegrino y gran parte de su población que seguía siendo fiel al socialismo.
 La desunión interesada del ejército yugoslavo, querida por todos los contendientes fue bien aprovechada por los montenegrinos, que fieles a Yugoslavia y a la causa socialista declararon la guerra e invadieron territorio croata. Casi la totalidad del JNA que entró en combate en la costa dálmata era del territorio vecino e hizo la vista gorda de buena parte de las órdenes del estado mayor.
Así tenemos la agresión sobre Dubrovnik, magnificada hasta la náusea, los agujeros de metralla en las murallas venecianas y los barcos de pequeño cabotaje que cerraban los puertos croatas vistos como agentes de devastación y matanza.
Nada se dijo de los morteros, ametralladoras pesadas y armamento pesado antiaéreo que los croatas usaron desde la seguridad de los tejados y templos del  centro de una ciudad protegida por la Unesco.
Fuera como fuese, las tropas montenegrinas no dejaban pasar la oportunidad para profesar su amor por la Yugoslavia unida, el socialismo, sus hermandad con serbia y su odio hacia los croatas.
Así pues queda totalmente de manifiesto que la guerra en aquel escenario fue obra casi exclusiva de montenegrinos.
Su parlamento votó mayoritariamente por la guerra contra Croacia y por su permanencia en Yugoslavia. Djukonavic, el padre del Montenegro independiente fue uno de sus más ardientes defensores.
 La pobreza y la inercia derivada de toda guerra, hizo que los robos de los montenegrinos en los hogares croatas llenará de imágenes las noticias en las que el JNA, agredía, y robaba a una desvalida población civil. Se fabricó el tópico del montenegrino ladrón de televisores, cuberterías y mantelería, que no tuvo el mismo eco cuando los croatas hicieron lo propio con los hogares y permanencias de la población serbomontegrina en la Krajina.
La guerra siguió su curso, y nada tenía que ver con la de una ficticia Gran Serbia en la que Montenegro se aliaba con sus hermanos eslavos, ortodoxos y comunistas.
 Pero eso merece ser analizado con más detalle.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¿ Por qué Yugoslavos?

¿Hasta que punto fueron importantes los intereses occidentales  y sus decisiones para la supervivencia o la ruptura  de Yugoslavia?
¿Fue esta una guerra que se pudo evitar?
Prensa: Información o  primera andanada de la intervención armada.
Medios de manipulación masivos.
Guerras humanitarias; armas inteligentes, un nuevo orden mundial.
¿Se solucionarán así los problemas pendientes?
¿Fue la desmembración de Yugoslavia un paso más en la nueva estrategia global?

Estos y otros interrogantes que no por obvios ni recurrentes fueron contestados ni siquiera bien contextualizados, a día de hoy  forman parte de una historia,  proscrita, que el documental Yugoslavos quiere analizar desde un punto de vista crítico.
Creemos imprescindible enmarcar los conflictos yugoslavos dentro del turbulento proceso histórico que desencadenó la caída de la Unión Soviética, el derrumbe del comunismo en la Europa Oriental y  sobre todo la reunificación alemana.


Sin estos factores no sólo es imposible conocer la realidad sino que se corre el riego de caer en un  discurso revisionista tan tendencioso como interesado.
Las huellas del pasado no sólo tienen su reflejo en la composición del presente sino que explican la idea fundacional de Yugoslavia. Esta no fue una creación opresiva ni expansionista ni en su primera  ni en su segunda andadura.
 Pese a avatares políticos posteriores, Yugoslavia, fue una creación idealista, un espacio común en la que por fin los pueblos eslavos del sur trazaron su propio destino y entidad nacional tras siglos de ocupaciones y particiones de poderosos reinos e imperios.
A consecuencia de éstas, los pueblos que conformaban el nuevo estado presentaban diferencias culturales, políticas y religiosas. Eslovenia y Croacia eran mayoritariamente católicas, mientras Serbia, Montenegro y Macedonia eran ortodoxas, y en Bosnia había una cantidad importante de población musulmana.
Aunque los motivos fueran variando, tanto en la Primera Guerra Mundial, como  en la Segunda, o en la Guerra Fría el país  fue una vez  más, tierra de equilibrios entre las grandes potencias.
En un mundo con una  única superpotencia, una Alemania emergente, y una Unión Europea balbuceante más allá de los parquets, Yugoslavia tenía tanto sentido dentro de la comunidad internacional  como el socialismo tras la desintegración de la Unión Soviética.
Mientras las cancillerías occidentales se frotaban las manos por su victoria moral(FMI), su terapia de choque y la gran  apertura del mercado del Este  con posición dominante, una sociedad se sentía mutilada, desorientada, sin referentes, y presa fácil de la más efectiva y barata propaganda que existe, la del odio al “diferente”.
Los nacionalismos tolerados cuando no descaradamente financiados fueron el contrapeso ideal para acabar con los últimos irredentos, aquellos que no aceptaban el nuevo maná del capital.
A la vez que las reformas político-económicas soviéticas eran ensalzadas y apoyadas por los gobiernos occidentales, la evolución yugoslava ocupó un segundo plano hasta que la violencia se convirtió en protagonista.
¿Nada hacía presagiar que la declaración  ilegal e unilateral de independencia eslovena y croata podría acabar en un rápido reconocimiento internacional que llevó a una brutal escalada del conflicto?
Los Balcanes, tierra  misteriosa de odios ancestrales, de superstición, de violencia y sangre.
"Así han sido siempre y nunca cambiarán".
 Tantos ríos de tinta,  tópicos, tantas frases para la posteridad, múltiples e irreconciliables divisiones amenizadas por dibujitos interactivos y mapas ininteligibles…
Y en los años noventa, sólo hay un foco de atención, un blanco para los objetivos de las cámaras. Y este no fueron los disturbios raciales y expulsiones masivas de turcos en Bulgaria  con inicio en el año 1984, ni los trasvases de población entre griegos y turcos finalizados por una ley en 1990, por no hablar de sus a menudo sangrientos contenciosos por islas fronterizas y por Chipre. Ni siquiera la guerra en Moldavia, por el Transnytria entre rumanos (latinos) y rusos-ucranios( eslavos y esta vez unidos). No  ocuparon titulares más allá de sus países y en ocasiones ni  siquiera allí.
 ¿Por qué Yugoslavia?
Y en 1999 la OTAN celebra su 50 aniversario bombardeando un país soberano, la Federación Yugoslava, subvirtiendo el orden internacional de una servil ONU.
El Consejo de Seguridad  terminará  por aceptar la independencia de Kosovo, años después de la caída de Milosevic y tras la celebración de varias elecciones democráticas en Serbia y Montenegro.
Yugoslavos es un documental que tiene la intención de evitar prejuicios y hagiografías más que aceptadas por los mediosy mucha  bibliografía maniqueísta para echar algo de luz sobre los trágicos acontecimientos que se sucedieron en la antigua Yugoslavia durante la década de los años noventa.
El documental se centra especialmente  en los años previos al estallido de los conflictos armados, 1989-1991, a los cuales consideramos que no se ha prestado la debida importancia y cuyo conocimiento es esencial para comprender los posteriores acontecimientos.
De mano de voces expertas  y autorizadas  (historiadores, políticos, periodistas, expertos en derecho internacional) analizaremos aspectos fundamentales con el objetivo de acercarnos a las múltiples causas de un conflicto que todavía no se ha cerrado.
Imágenes inéditas en nuestro país así como voces interesadamente marginadas completaran  nuestro trabajo.