El arranque de la columna "Epidemia" de Rosa
Montero expone en su parte inicial una crítica del nacionalismo loable que se
convierte en lamentable parodia al
incurrir en unos enormes errores de apreciación históricos e ideológicos.
Kaplan, cuyo libro nos recomienda Montero, es el escritor de cabecera del brazo
armado de los neocon republicanos. Su espíritu revisionista tan de su agrado que
se suma a la crítica de los enemigos de Austria-Hungría. Evidentemente estos
retrógrados son los que atentaron contra el archiduque Francisco Fernando. Nada
más lejos de la realidad, pues su asesino
Gavrilo Princip fue un bosnio yugoslavista, socialista y ateo. Y los
defensores de la corona, los húngaros, croatas y bosnios siguieron con su obra
ideológica que termino en la colaboración del holocausto, y del genocidio
serbio. Pero el rosario de disparates, complejos y lugares comunes de la
izquierda de salón continúa al hablar de Franco como españolista y al expulsar
a todos los catalanes de España por el supuesto derecho a decidir que la
escritora concede únicamente a los separatistas. Los neonazis son una amenaza
intolerable pero nunca tendrán el poder ni la impunidad, instrumentos de estado,
ni las simpatías mediáticas de los separatistas vascos y catalanes. Ni creo amenacen ni unos ni otros en su pequeño mundo
de vanidades, de “su” cultura de falsiziquierda, de unas recompensas y dádivas
que no merece y que lucha por negar a los demás, amparándose en su supuesto
pensamiento políticamente de izquierdas.
Quizá Montero hable de epidemias ajenas, pero gente como
ella es una verdadera pandemia para el
mundo y el progreso.